San Antonio: 38 años de un festejo solidario que nació de una promesa de amor
Blanca Díaz y Dani Agostini, un matrimonio de vecinos de la zona oeste, celebraron una nueva edición de su tradicional chocolateada para niños, adultos y abuelos, una caricia al alma que ni la pandemia pudo frenar.
Un compromiso con el corazón y la comunidad
Cada 13 de junio, las calles de la zona oeste se llenan de una mística especial. Desde hace casi cuatro décadas, Blanca Díaz y Dani Agostini se transforman en los anfitriones de un festejo que ya es una marca registrada en la comunidad: el agasajo por el Día de San Antonio. Con una concurrencia que reúne a niños, madres y abuelos de los alrededores, los vecinos compartieron una tarde espectacular donde el clima acompañó y la solidaridad fue la protagonista absoluta.
"Hacemos esta fiesta para todos los chicos más humildes de los alrededores. Todo está saliendo muy lindo", expresó Dani con emoción durante la jornada.
A pesar de que este año las inclemencias del tiempo complicaron el acceso a los barrios con caminos más difíciles, el espíritu solidario no se detuvo. Casa por casa, la invitación corrió como reguero de pólvora, convocando incluso a familias numerosas de hasta 15 integrantes.
Una tradición familiar que venció a la pandemia
La historia de este festejo es también la historia de una herencia familiar. "Empezamos nosotros con mis suegros y mi cuñado", rememoró Blanca. El tiempo pasó y hoy son ellos, junto a sus hijos y amigos, quienes sostienen la logística de un evento que demanda meses de preparación. Si bien la mayor parte de los recursos sale del bolsillo de la pareja debido a su profunda devoción por el santo, el evento es posible gracias a una red de colaboradores que aportan desde dinero hasta facturas y masas.
El compromiso de Blanca y Dani es tan inquebrantable que ni siquiera las restricciones sanitarias del pasado lograron interrumpirlo. "En la pandemia, como no se podían juntar los chicos, preparamos el chocolate, hicimos las masas y salimos en auto a recorrer los barrios para entregarles a los chicos", recordaron con orgullo.
El milagro detrás de la fiesta
Más allá de la devoción religiosa, este festejo guarda un secreto íntimo y conmovedor: una promesa de amor y gratitud. Ante la consulta de qué es lo que los motiva a sostener este esfuerzo año tras año, Blanca reveló el origen de todo:
"Nosotros hacemos esto con tanto cariño porque no podíamos tener hijos. Cuando nació mi primera hija, en agradecimiento al Santo, empezamos esta fiesta. Lo hacemos con mucho agradecimiento por la hija sana que tenemos, y por los hijos que vinieron después".
Ese "cable a tierra" se traduce en una felicidad enorme que llena el alma de la familia al ver la casa colmada de vecinos. Además, la acción solidaria no se limita a su hogar: desde hace 38 años, también llevan la merienda a los abuelos del Hogar Santa Marta para que nadie se quede sin celebrar.
Con la vista en el próximo año
La jornada cerró con una profunda sensación de paz y el deber cumplido, pero también con el humor característico de los anfitriones, quienes entre risas compartieron anécdotas futboleras y mostraron su hospitalidad habitual.
Blanca y Dani ya miran al futuro. La cita para el próximo 13 de junio ya está pactada: las puertas de su casa volverán a abrirse para recibir a todos aquellos que quieran compartir un momento de alegría, fe y, sobre todo, mucha solidaridad.