Conmoción en Eldorado: una madre denuncia que su hija de 7 años fue abusada por un amigo de su expareja y exige justicia
En una revelación que ha generado profunda indignación y consternación en la comunidad, Paola Betiana González hizo pública la dramática situación que atraviesa su hija de 7 años, quien fue víctima de abusos reiterados y de gravedad cuando apenas tenía 3 años. El acusado, un hombre adulto identificado como Marcelo, era un amigo cercano del progenitor de la menor. El caso ya se encuentra en manos de la Justicia, tramitándose en el Juzgado de Instrucción N° 1 y N° 2.
El origen de la revelación y el peso del silencio
Los hechos salieron a la luz hace aproximadamente una semana, durante una conversación cotidiana en el hogar de González. La niña se encontraba junto a su madre y una amiga de la familia, de 11 años. En el marco de una charla sobre el Día del Padre, la pequeña manifestó que no tenía a quién hacerle un regalo porque su papá no la quería, para luego confesar directamente que había sido violada. La palabra "violada", según relató la madre, fue explicada e identificada por la menor de 11 años, quien al escuchar el relato de la niña le hizo comprender la gravedad de lo que había vivido.
Al profundizar en la situación, la menor reveló además la existencia de una testigo directa de los abusos: una mujer mayor de edad, supuesta tía de la niña, quien presenció las agresiones y calló el secreto durante cuatro años.
"Ella (la testigo) me miró y me dijo que mi hija no mentía. Me confesó que fue testigo del abuso, que vio todo y que calló durante cuatro años porque pensó que la nena, al tener solo 3 años en ese momento, nunca se iba a acordar de estas cosas", detalló Paola.
Según relató Paola, los abusos ocurrieron en momentos en que ella ya se encontraba separada del progenitor y la niña pasaba tiempo al cuidado de este.
De acuerdo con los testimonios cruzados que González logró recopilar, la testigo del hecho habría alertado al padre de la niña en el momento exacto en que ocurrieron los abusos, hace cuatro años. Sin embargo, aparentemente el hombre se limitó a preguntarle a la menor (de entonces 3 años) si algo había pasado, y ante la lógica respuesta negativa de la pequeña por el miedo y el llanto generalizado, el círculo familiar decidió ocultar el hecho y no radicar ninguna denuncia penal.
"Para mí, el progenitor de mi hija y esta mujer son cómplices del abuso de mi hija", aseveró la madre de manera tajante.
Tras conocer la verdad, González actuó de inmediato. El pasado viernes asistió a una consulta con la psicóloga Ruth Bodner en el CeProMu (Centro Provincial de la Mujer). El informe psicológico emitido por la profesional fue contundente: la niña presenta indicadores compatibles con haber sido víctima de abuso sexual.
Con dicho informe en mano, la madre radicó la denuncia formal en la Comisaría de la Mujer. Aunque la menor aún no ha sido sometida a las pericias médicas correspondientes para determinar el alcance físico del daño, el relato de la niña detalla tocamientos y actos de extrema gravedad.
Actualmente, las autoridades policiales ya tomaron declaración a la testigo directa, al progenitor de la menor y a la expareja de la testigo. Sin embargo, Paola manifestó su desesperación debido a que, hasta el momento, no ha recibido respuestas ni medidas judiciales concretas por parte de los juzgados intervinientes para detener al acusado, quien reside en el Kilómetro 6, en el Barrio Sarmiento de esta ciudad.
Las secuelas en la menor y un fuerte mensaje a la comunidad
El proceso de romper el silencio ha desatado un fuerte impacto psicológico en la niña de 7 años. Paola describió que su hija se encuentra muy inestable: sufre brotes de llanto, gritos, estados de extrema falta de sueño, nerviosismo y una total dependencia de ella, al punto de no permitir que se le higienicen sus partes íntimas por el trauma reactivado.
Destrozada emocionalmente pero decidida a ir hasta las últimas consecuencias, Paola dejó una fuerte advertencia para todas las madres de la comunidad:
No confiar en nadie: "El abusador se muestra como una buena persona; puede ser un amigo, un hermano o quien sea".
Estar alertas a los síntomas: Cambios de conducta en la escuela, problemas para relacionarse, flujos a corta edad, o la negativa de los niños a que los bañen o los limpien.
Buscar ayuda profesional: Ante el primer indicio, acudir inmediatamente a un psicólogo antes de avanzar con el proceso judicial.
"A mí me destrozaron. Nadie me va a devolver la infancia y la inocencia de mi hija. Cuiden a sus hijos, no confíen en nadie y no dejen entrar a ningún extraño a sus casas", concluyó de forma desgarradora.