2026-08-30

Misiones ante un nuevo tiempo: del quiebre político a la necesidad de construir futuro

El cambio de ciclo político en Misiones: la ruptura con el liderazgo de Carlos Rovira, los primeros movimientos del gobierno de Hugo Passalacqua,

Hay momentos en la política en los que los cambios dejan de ser señales aisladas y comienzan a convertirse en una tendencia.

Misiones parece atravesar uno de esos momentos.

La ruptura del histórico esquema de poder que durante más de dos décadas tuvo a Carlos Rovira como figura central abrió una etapa inédita para la política provincial. Pero una cosa es romper con el pasado y otra, bastante más difícil, es construir lo que viene.

Ese es, probablemente, el principal desafío que enfrenta hoy el gobierno de Hugo Passalacqua y el espacio que comienza a identificarse como Movimiento por lo que Viene.

Porque después de 23 años de una conducción política prácticamente indiscutida, no alcanza con cambiar nombres, bancas, bloques o estilos. La sociedad espera respuestas concretas a problemas concretos.

Y algunos de los movimientos registrados durante las últimas semanas permiten observar hacia dónde podría dirigirse esta nueva etapa.

Un cambio en la política tributaria

Uno de los movimientos más significativos aparece en materia fiscal.

La suspensión de la denominada “aduana paralela”, el fin del cobro anticipado de Ingresos Brutos para la enorme mayoría de las pequeñas y medianas empresas y la eliminación de determinadas retenciones sobre operaciones realizadas mediante billeteras virtuales y cuentas bancarias representan un cambio importante respecto de una política fiscal que durante años fue considerada prácticamente intocable.

El esquema tributario que permitió a Misiones ordenar sus cuentas públicas y superar una etapa de fuerte déficit terminó, con el paso del tiempo, convirtiéndose también en una de las principales demandas del sector privado.

La discusión ya no es solamente ideológica. Es económica.

Si una provincia necesita empresas que inviertan, produzcan, generen empleo y agreguen valor, necesita también un sistema tributario que no termine castigando justamente a quienes tienen que generar esa actividad.

Los recientes fallos de la Corte Suprema que involucran a empresas que cuestionaron mecanismos de percepción y retención de Ingresos Brutos vuelven todavía más evidente que había una discusión pendiente.

Pero el desafío es mayor: aliviar la presión tributaria sin poner en riesgo las cuentas públicas.

Y ahí aparece una palabra que será determinante durante los próximos años: eficiencia.

La discusión que viene: gastar mejor

No se trata solamente de recaudar menos. Se trata de gastar mejor.

La revisión de contratos y programas vinculados a empresas cercanas al anterior esquema de poder, como Alegramed y Agro Sustentable, marca justamente una búsqueda en ese sentido.

El Estado tiene que preguntarse permanentemente cuánto paga, por qué paga y qué obtiene a cambio.

Ese principio debería ser aplicado a todos los sectores y a todas las administraciones.

Porque si la provincia pretende construir una nueva etapa, no puede limitarse a revisar aquello que estaba asociado políticamente con el pasado. Tiene que revisar también sus propias estructuras, sus prioridades y la calidad de cada peso que administra.

Del ideal ambiental al pragmatismo productivo

Quizás uno de los ejemplos más claros del cambio de enfoque sea la discusión sobre la ley de bioinsumos y la prohibición del glifosato.

Durante años, Misiones construyó una identidad política vinculada fuertemente a la defensa del ambiente y a la búsqueda de una producción sustentable.

Ese objetivo no necesariamente está en discusión.

Lo que parece estar cambiando es la manera de alcanzarlo.

La decisión de revisar la prohibición del glifosato implica reconocer que la producción misionera no puede quedar aislada de las reglas que existen en los mercados nacionales e internacionales.

La transición hacia una agricultura con menor utilización de agroquímicos puede ser un objetivo perfectamente válido. Pero una transición necesita alternativas reales, certificadas, eficaces y económicamente viables.

El productor no puede ser obligado a competir en inferioridad de condiciones.

Por eso, más que un abandono de la política ambiental, la modificación de la ley puede interpretarse como un giro hacia el pragmatismo.

El desafío será encontrar un equilibrio entre producción y ambiente, sin caer ni en el fundamentalismo ambiental ni en la indiferencia frente al impacto de la actividad agropecuaria.

El problema de convertir la política en espectáculo

Mientras estos temas deberían ocupar el centro de la agenda pública, la Legislatura provincial parece todavía atrapada en las consecuencias emocionales de la ruptura.

Las discusiones por las bancas, los espacios dentro del edificio legislativo, los privilegios de los que gozaba el ex presidente de la Cámara y las chicanas entre antiguos compañeros de ruta muestran algo que resulta comprensible, pero que no puede convertirse en el principal contenido de una nueva etapa política.

Después de tantos años de silencio, es lógico que aparezca el desahogo.

También es entendible que quienes durante años no cuestionaron determinadas situaciones ahora quieran hacerlo.

Pero el desahogo tiene un límite.

La sociedad no necesita asistir al ajuste de cuentas entre dirigentes. Necesita que la Legislatura discuta cómo generar empleo, cómo mejorar la producción, cómo aliviar a las familias endeudadas, cómo fortalecer a las Pymes, cómo defender a las economías regionales y cómo conseguir que Misiones tenga mayor capacidad de decisión frente al poder central.

La política puede tener memoria, pero no puede vivir del pasado.

La Legislatura tiene una oportunidad

Y allí aparece una cuestión fundamental: si la ruptura con Rovira es verdaderamente un cambio de época, deberá demostrarse con leyes, políticas públicas y resultados, no solamente con discursos o gestos simbólicos.

Durante más de dos décadas, la Cámara de Representantes fue uno de los principales instrumentos institucionales del modelo político que gobernó Misiones.

Ahora tiene la oportunidad de convertirse en el escenario donde se construya algo diferente.

El debate sobre la modificación de la ley de bioinsumos es, precisamente, uno de los ejemplos de la agenda que debería ocupar el centro de la discusión.

No importa solamente quién se sienta dónde.

Importa qué leyes se sancionan, a quién benefician y qué modelo de provincia ayudan a construir.

Una nueva relación con Buenos Aires

Otro dato importante de este nuevo escenario es la aparición de Argentina Federal, el bloque que reúne a legisladores de distintas provincias y que busca construir una posición propia frente al Gobierno de Javier Milei.

El nombre ya dice bastante.

Misiones parece dispuesta a abandonar el alineamiento automático con Buenos Aires, pero también a evitar la confrontación permanente.

La lógica es sencilla: acompañar aquello que beneficie a la provincia y cuestionar aquello que la perjudique.

La media sanción para reducir el IVA de la fécula, harina, fariña y derivados de mandioca es un ejemplo concreto.

Pasar del 21% al 10,5% representa un intento de corregir una asimetría que afecta a una economía regional que tiene miles de productores y una cadena industrial instalada en Misiones.

Y allí aparece nuevamente una idea que debería convertirse en uno de los ejes del nuevo tiempo político: federalismo con resultados.

No alcanza con reclamar federalismo en los discursos. Hay que conseguir beneficios concretos para las economías regionales, infraestructura, energía, financiamiento, mercados y condiciones tributarias que permitan producir.

El Estado también cambia, pero no desaparece

Hay otro aspecto que diferencia este proceso del modelo que propone el Gobierno nacional.

El Movimiento por lo que Viene parece dispuesto a revisar políticas y estructuras de la Renovación, pero no necesariamente a renunciar a la idea de un Estado activo.

Los programas Ahora Misiones, los créditos a tasa subsidiada para productores y las políticas destinadas a contener el endeudamiento de empleados y jubilados muestran que la nueva conducción mantiene una concepción según la cual el Estado debe intervenir para proteger a los sectores más vulnerables y dinamizar la economía.

La diferencia estará en cómo se utiliza esa intervención estatal.

Un Estado que acompañe a quien produce, pero que no sea socio privilegiado de determinadas empresas.

Un Estado que ayude a las familias endeudadas, pero que también controle las condiciones en las que se otorgan los créditos.

Un Estado que defienda el ambiente, pero que no condene al productor a competir en desventaja.

Un Estado que cobre impuestos, pero que entienda que la presión fiscal también tiene un límite.

Y un Estado que negocie con el Gobierno nacional desde una posición federal, sin convertirse en una oposición automática ni en un aliado incondicional.

El verdadero examen empieza ahora

Misiones está viviendo una transición política que todavía no terminó.

El viejo esquema perdió parte de su poder y el nuevo todavía está en construcción.

Hugo Passalacqua parece haber elegido una estrategia que combina continuidad en algunos principios históricos de la Renovación con cambios importantes en aquellas políticas que considera necesario revisar.

No se trata de abrazar el modelo libertario ni de defender sin modificaciones todo lo que se hizo durante los últimos 20 años.

Es, en todo caso, intentar encontrar un camino propio.

Pero para que ese camino sea creíble deberá superar una primera prueba: convertir la ruptura política en una propuesta concreta de provincia.

Porque la ruptura con Rovira puede ser un acontecimiento histórico, pero por sí sola no constituye un proyecto político.

Romper con el pasado puede abrir una puerta. Atravesarla exige tener un rumbo.

Y ese rumbo deberá comenzar a verse en los próximos meses.

La sociedad misionera, después de tantos años de una conducción política prácticamente inalterable, tiene ahora la oportunidad de observar algo nuevo.

No necesita venganzas.

No necesita un nuevo relato.

Necesita resultados.

El tiempo del desahogo puede ser entendible. El tiempo de gobernar y construir lo que viene, en cambio, ya comenzó.

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