2026-09-07

El legado de Jacinta Duarte: Fe, trabajo y el recuerdo vivo del "El Quincho de la Jacinta"

Una historia de lucha y perseverancia de una Pionera de Eldorado

Reseña

Doña Jacinta Duarte nació un 7 de setiembre en Colonia Eugenio Garay en Paraguay, en plena revolución Paraguaya entre Liberales y Colorados, luego emigró a Argentina estableciéndose en Cruce Caballero junto a su esposo José Domingo Olmedo quien al poco tiempo viajó de regreso a Paraguay para hacer compras y nunca más regresó, dejando a Jacinta con cuatro niños y un embarazo en la panza.

A partir de allí Jacinta - lejos de perder su espíritu de trabajo -  se dedicó a vender chipas, chorizos, morcillas y todo tipo de comida que requerían los trabajadores de los aserraderos de la zona. El sacrificio realizado fue descomunal para criar a cinco niños y nunca desesperó y siempre gustando la buena música regional.

Años después cuando Liliana la hija menor tenía ya 11 años, que era la que estaba aún en la panza de Jacinta cuando fue abandonada por su esposo se establecieron en Eldorado, los hijos mayores ya con mucho esfuerzo y trabajo y de la mano de Juan Carlos Olmedo el mayor de los hermanos construyó el        quincho “La Jacinta”  para agradecerle a su madre todo el esfuerzo hecho en su vida.

Por ello a partir de los años 90 cada 7 de septiembre - fecha del cumpleaños de Jacinta - se realizaban grandes fiestas que a veces duraban una semana, con toda la hospitalidad de Jacinta.

La inauguración fue con la celebración de una misa a cargo del padre Julián Zini y la presencia de músicos como Los de Imaguaré, Mario Bofil, Ricardo Mesa, Carlitos Acuña,  Los Mariachis de Paraguay, Bruno Mendoza, Ramón Ayala entre tantos otros.

Su recuerdo en la voz de su hija

En una emotiva entrevista con RADIO STOP, Liliana Olmedo, hija menor de doña Jacinta, recordó a su madre en el día de su natalicio.

Jacinta, reconocida pionera de Eldorado y figura fundamental en la historia cultural del Kilómetro 5, dejó una huella imborrable por su espíritu de lucha, su fe inquebrantable y su generosidad.

​De la adversidad al ejemplo de superación
​Originaria de Colonia Eugenio A. Garay, Paraguay, Jacinta emigró hacia Misiones huyendo de los conflictos revolucionarios de la época en su país natal. Tras instalarse inicialmente en Cruce Caballero, debió enfrentar uno de los momentos más difíciles de su vida: su esposo, José Domingo Olmedo, regresó a Paraguay dejándola sola a cargo de sus cuatro hijos y con Liliana en camino.


​A pesar de haber perdido su vivienda y quedar en una situación de extrema vulnerabilidad, Jacinta demostró un coraje ejemplar:
​Trabajo incansable: Consiguió tierras para cultivar y comenzó a elaborar chipas, las cuales vendía caminando por los aserraderos de la zona (Llavallol, La Rata, Puente Alto) para sustentar a su familia.
​Valores y contención: Crió a sus cinco hijos (Lidia, Santiago, Rufino, Juan Carlos y Liliana) enseñándoles la cultura del trabajo y manteniéndolos unidos.
​Apoyo a la educación: Acompañó a su hija menor en sus estudios —quien luego se convirtió en docente— preparándole mates en las madrugadas para apoyarla mientras estudiaba.


​El Quincho de la Jacinta: Punto de encuentro y cultura popular
​Con el paso de los años y el progreso económico de sus hijos ya adultos, su hijo Juan Carlos le construyó su vivienda en la calle Nicaragua del Kilómetro 5 de Eldorado, donde se erigió el emblemático «Quincho de la Jacinta».


​Cada 7 de septiembre, con motivo de su cumpleaños, el lugar se convertía en el epicentro de multitudinarias celebraciones que reunían a la familia, vecinos y músicos de Argentina, Paraguay y Brasil:​Devoción e integración regional: Las festividades comenzaban con una misa oficiada por el padre Julián Cini, uniendo la devoción por la Virgen de Itatí, la Virgen de Caacupé y Nuestra Señora Aparecida de Brasil.


​Santuario chamamecero: Grandes referentes de la música regional e internacional como Los Mágnum, Bruno Mendoza, Ricardo Meza y Ramón Ayala formaron parte de estos festejos, componiendo incluso canciones en honor a Jacinta.


​Hospitalidad sin límites: Caracterizada por la frase «a buen tiempo», en la mesa de Jacinta nunca faltó un lugar ni un plato de comida para cualquier visitante que llegara a su puerta.


​Un legado que perdura
​Tras su fallecimiento en el año 2007, las grandes festividades en el quincho cesaron, pero el recuerdo de su generosidad permanece intacto en sus seres queridos y en la memoria popular de la comunidad.


​«Gracias mamá por tanto. Todo lo que soy se lo debo a ella. Siempre fue defensora de la familia y me dejó una fe inquebrantable», expresó con emoción Liliana Olmedo al recordar a una mujer que sintetiza el espíritu combativo y solidario de los pioneros de la región.

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